Doctrina de paz

Bono (el irlandés) ha dicho que busca la unidad frente a la homogeneidad. Los hay que entienden esa unidad como uniformidad. Lo cual resulta curioso cuando uno revisa las diversas sectas cristianas que ha habido a lo largo de la historia y mira el asunto de la unicidad o trinidad de dios. Y con ese ejemplo en la borrada memoria de lo políticamente correcto blanqueadora de unos pasados para emborronar otros hemos de recurrir a los alemanes. Otra vez los alemanes. Porque, cuando han estado unidos estos alemanes? Pues más bien poco tiempo. Desde 1990? No es el momento ni en lugar, más allá de referir que nunca han dejado de serlo. Por muchas presiones y dificultades. Y no han sido pocas. Dicen allí que siempre uno tiene la posibilidad de alcanzar la tranquilidad, sin necesidad de luchar. Como? En una situación de confrontación de dos partes, una de ellas siempre puede renunciar a todo y rendirse. Y así, finalmente, se alcanza … la, paz.

Existe una grave problemática en relación a los asuntos humanos en tanto en cuanto estos son vidriosos y líquidos. Son mutables, y con ello las reacciones y soluciones a proponer nunca pueden ser las mismas en contextos que no tienen que ver. Porque las teorizacions siempre se basan en experiencias. Lo que ha sucedido se pretende dar toques de universalidad, pero esto no son ciencias naturales donde los elementos, en general, para la construcción de una teoría deben ser de uso generalizado, siempre que sean replicables en las mismas circunstancias. No, el ser humano, es conflictivo. En más de un sentido. Y las luchas sociales, que son políticas, impiden hacer leyes sociales omnicomprensivas, y si se intenta, son de alcance limitado. Por ello es que los economistas e historiadores son tan buenos “explicando” el pasado, y en general, tan malos, prediciendo el futuro. O al menos, al nivel de los augures de Roma.

Suele decirse aquello de que hay que cumplir la ley. Si, la ley. Problema. La ley es humana. No son como las leyes naturales, de las ciencias más exactas. Porque, si, miramos, la ley, como la ética, de los babilonios, luego la de los asirios, luego en Mohenjo Daro, luego en Tenochticlán, luego en la ciudad donde Lutero colgó sus tesis (fundando el protestantismo) … y así con miles de casos, veremos que tanto la ética (y la moral) como las leyes son diferentes. Porque el humano y su contexto han variado. Y es normal y natural que esto suceda. Se llama evolución. Que no siempre es adelante y a “mejor”. La mejor manera de cumplir la ley es no convertirla en piedra. Dicen que el dedo de dios imprimió en piedra sus diez mandamientos. Moises tuvo que sacarla de la roca para bajarla del monte Oreb a donde le esperaba su pueblo. Y esto es así, para siempre. En serio? Pues no, no puede ser. Eso no funcionará.

Construir sociedades humanas es complejo. Incluso se hacen clasificaciones. Desde el punto más básico, donde se dan gérmen de instituciones, y de ahí progresando … pero luego surgen “ops” grandes que no saben como encajar. Como la clasificación de edad antigua, edad media … Colón llega a “América” y vuelve a Europa y … donde estaban los Aztecas, Incas y demás familia? No encajan. Y las diferencias entre unas tribus y otras en el siglo XIX en el hoy Estados Unidos y Canadá? Si, algunas seguían un modelo nómada, pero otras estaban estableciendo confederaciones de pueblos. Nunca sabremos donde se hubiera llegado si la expansión al oeste no hubiera sido un “imperativo moral”, tal vez designado por dios. No hay modelo, el camino de cada cual suele ser el modelo a adoptar. Otra cosa es el poder duro y blando en la adopción de referentes externos, que hace variar la evolución de los pueblos.

Que es poder duro? El poblado de neandertales de al lado va al tuyo con la cachiporra y ya. Ellos prevalecen. Y de entonces a enviar al piolín va un suspiro. Que es el poder blando? Cuando por medios culturales se te convence que tenéis intereses comunes. Que sois dos pueblos con aspiraciones similares. Tal vez enemigos comunes. Tal vez objetivos comunes. Quizás principios rectores en común. Quizás una troncalidad en el origen. O tal vez sean otras cosas, o combinación de varias. Y, en el fondo, adoptas sus estrategias, en parte o en todo, por conveniencia, convicción, o ambas. El poder blando se basa en la habilidad y la diplomacia. Y en el fondo, sólo puede basarse en un cierto conocimiento y reconocimiento del otro. Sino, es difícil emplearlo, más allá de un momento puntual, por el carisma de tal o cual líder. No se sostiene en el tiempo. Porque sin convicción de ser lo correcto, no perdura en la siguiente generación de líderes.

En un modelo de estado complejo es común que las partes tengan competencias exclusivas, concurrentes y compartidas. Hay muchos estados de esta categoría en el mundo, demasiados, como para hacer una sóla clasificación de lo que ha de ser un estado compuesto. Por ello hay que tener la decencia de reconocer la pluralidad de modelos, y que, en el fondo, si se quiere abordar desde esta óptica, las realidades nacionales dentro de un estado plural, el mejor modelo es el que surja de la negociación dentro. Sin renunciar a coger como referentes partes de otros lugares. Porque sino no se está construyendo, sino plagiando. Y en la solución de conflictos humanos hay que ser originales, porque el propio ser humano impone la originalidad. Porque los ciudadanos de ese estado no son los mismos que los del otro. Importan, y son distintos. Y esas distinciones merecen aflorar y no esconderse. Ni oprimirse ni buscar su eliminación con ayuda de Kronos. Presión y tiempo. Los dos mejores aliados de los imperialistas, que tanto gustan del poder duro, habitualmente, el militar.

Cuando uno se dota de una serie de normas fundamentales, merecen ser compartidas por una mayoría sustancial de identidades, de realidades jurídicas individuales y colectivas, para que la prosperidad, acogimiento e interiorización de esos códigos legales permita la convivencia de los distintos, y sin embargo, iguales en derechos y obligaciones. O es que pensamos que la declaración de derechos humanos de 1948 no sólo exigía de la carta de la onu el buen funcionamiento de la organización sino un único gobierno mundial? Hay quien dice que habiendo un estado, este debe tener un gobierno, un parlamento, una justicia … es un objetivo ideológico. Jacobino, por ejemplo. Y que no se da como “natural” en el mundo. Es una aspiración política. Se ha intentado varias veces, y se ha constatado un fracaso, en los siglos XIX y XX, en Europa. Sería momento de abandonar esa estrategia y táctica, por el bien de todas y todos.

Unidad y uniformidad no son sinónimos. Volver al centro lo que no le pertenece no sólo es injusto, sino que es improductivo. Sobre todo en competencias exclusivas. El adoctrinamiento es un concepto subjetivo de difícil o imposible objetivización. Una constitución puede tener puertas falsas como artículos sobjetivos de caríz político, interpretables a la luz de una determinada circunstancia donde, como no, humanos, y en algún caso, todos del mismo sector en conflicto, van a identificar si algo ha ido en contra del sentido común o del bien común. Y las reacciones derivadas de ello siguen siendo políticas, por más que se pretendan vestir de ropajes trascendentes pretendiendo una moralidad eterna e imperecedera de aquellos que se legitiman en una historia que niegan a los demás. Porque su historia es más que las de los demás. Porque ellos son ellos. Y no, cada cual tiene sus circunstancias, ni mejores ni peores, simplemente distintos. Y no se deben tomar decisiones en base a quien uno sea, sino en tener razón. Y a poder ser, tener la capacidad de aplicarlo en la realidad. Y en vez de imponer, se negocie y acuerde. El problema reside en que, después de ese acuerdo, se pueda decir que sea desarrollado por las partes en tiempo y forma. Como debiera ser natural.

Es la quiebra de la confianza lo peor que le puede pasar a la convivencia. Si dependiendo de quien infrinja la ley y las normas de convivencia, el problema es grave. Si según y quien sobrepase sus atribuciones y se ponga en foco en unos y no en otros, es un problema. Si según y quien las sanciones acordadas en tribunales van a tener una respuesta u otra por ser tu y no el otro, la convivencia no será duradera. Si por cuestiones subjetivas se pretende arrancar de las frías garras de un “enemigo” interno competencias que les eran en grado de exclusividad, eso es troncal en cambiar las reglas de juego, sobre todo si tienen entronque en la constitución, que no es imperecedera, sino que la adhesión ha de renovarse con el tiempo, o sino perecerá, por petrificada, podrida y desfasada, porque la sociedad acabará por no reconocerse en ella, y sus normas no serán de utilidad como herramientas para resolver los problemas que vayan surgiendo en el día a día, por más que hubiera una vocación de consenso compartido en el momento de su gestación, como suma de debilidades, de partes que no podían imponerse a las demás, a diferencia del pasado, como en el siglo XIX y primer tercio del XX, tan del gusto de los poderosos de las diferentes épocas en el centro del estado.

Por otra parte, el instrumento ha de ser válido con independencia de las circunstancias. Deslegitimar el instrumento de gobierno y autogobierno para solucionar tal o cual problema anunciado como “acuciante y urgente” sin respetar los cauces para resolverlo, sólo puede llevar a deslegitimar el conjunto de realidades institucionales. Si la exclusividad es de la de las unidades federadas, buscar resolver el contencioso social desde el centro sobre la periferia, por motivos ideológicos, significa dar con el mismo relato que el caso anterior, siendo primos hermanos aquellos que quieren arrancar la competencia de manos de la unidad federada por jacobinismo unitarista que los que buscan de manera sobrevenida hacer un presunto bien, causando un gran mal. No puede salir ningún bien de una posición que niega la realidad, y que no repara en puentes que romper con tal de solucionarlo. Problemas que ni son nuevos ni un chasquido de dedos dará solución. No hay varitas mágicas. Sólo tiempo y espacio, el necesario para ver progresos en los asuntos comúnes, de todos, siempre que haya vocación y voluntad, tanto en el gobierno como en el gobernado de hacerlo posible. La solución no vendrá en helicóptero o sino será usted un pasajero más en el barco del arroz.

No hay que rendirse pues. Frente a oportunistas de un signo u otro, hay que respetar los acuerdos alcanzados en el pasado, y buscar completarlos, si estos siguen pendientes de cumplimiento. Es importante tener palabra, credibilidad y crédito. Para el buen gobierno. Y transparencia. Honradez para hacer lo que se dice y decir lo que se hace. Y ser capaces de transformar el abatimiento y la desconfianza en acercamiento, negociación y acuerdos. Entre diferentes. Porque hay diferentes. Y merecen respeto. Los que son visible y los invisibilizados, los de aquí y los de allí, en una realidad plural y diversa. Donde la doctrina no sea un dogma único y unificador, sino, en cambio, de unidad en la diversidad, basado en la riqueza de lo existente, y que la tarea de gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo no pueda convertirse en un paréntesis en la historia de un pueblo que nunca fue un sólo pueblo sino varios, y que puede aspirar a la unidad si se reconoce diverso. Y eso supone el respeto mutuo, recíproco. Una verdadera doctrina de paz, donde la verdadera paz no sea la ausencia de violencia, sino la vocación de convivencia, y eso se demuestra andando. Dando pasos, no sólo de palabra, sino desde los hechos. Desde la ley, la norma hecha, no por dios, para siempre, sino por humanos, siendo renovada, de forma periódica. Curiosamente como cierto dios prometió al que dicen era el primer borracho del mundo tras pasarse 40 días y 40 noches en una barca sobre las aguas. Pero, bueno, como en otras, cogen las partes que les interesa y otras las borran. Y, de esa manera, ciertamente, la paz, no es que sea un dogma o una doctrina. Se acaba por convertir en una ilusa utopía.

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