Hijos de la ira

Cuesta considerar otras realidades cuando parte de tus conocimientos se basan en negar la evidencia de otras realidades presentes en tu presente. Es como una suerte de universos superpuestos cual dimensiones alternas, cuando sólo reconoces que la tuya es la única verdadera y el resto, o són pálidos reflejos de cosas que nunca debieron ser o son intentos de desestabilizar tu realidad, y, por lo tanto, no son más que mecánicas y artificiales sub-productos de gente que no tiene más que odio y envidia por la pulcra y maravillosa realidad en la que vives. Y eso no se llama nacionalismo, sino egoísmo. Y es excluyente. Porque sólo su visión es la correcta. Y cuando a alguien le niegas toda su existencia, todo lo que es, sólo puede aceptar su frustración de un no-ser o intentar cambiar. Y si no puede, sólo deja un legado, del que es hija, la ira.

No se puede negar que el contencioso con Catalunya, en Catalunya y por Catalunya desde lo que hoy conocemos como España es de larga data. Y ha pasado por muchas fases. Simplemente, en términos históricos estamos en una más. O no? Quizás ahora es diferente, en tanto en cuanto el resto de “colonias” ya han desaparecido. Cuba era un pulmón externo para la economía de España. Ahora lo intenta hacer Canarias. Y antes, en realidad, los territorios de España no eran colonias, sino territorios, con su derecho, sus virreyes y así. En la actualidad, superado el artículo 10 de la constitución (antiforal y antiespañola) de cádiz (la más afrancesada posible, en lucha con el francés) de 1812 por una inexistente correlación de territorios de España en la de 1978, vemos como se niega la foralidad y sus derechos históricos a Aragón, enviando su ley al Tribunal Constitucional. Y se niega a Valencia su derecho foral, en tanto que fuente alternativa al código civil. No es sólo Catalunya. El problema, hay que decirlo, es España.

Una realidad compuesta debe poder reconocerse como tal en hechos, en estructuras y en instituciones. Con una descentralización, que, en efecto, tenga lealtad. Pero no de una parte a la otra, sino de las dos. Bilateral, bidireccional. Es impepinable que es injusto cuando una ley de una cámara legislativa con competencias para ello vea paralizada y suspendida en sus efectos una ley que sancione, pero cuando el congreso se mete a legislar donde no le llaman no hay el mismo mecanismo para paralizar su implementación. Y de igual manera es importante el modelo de financiación, porque las instituciones que existan deben tener el poder de autofinanciarse. Por lo menos en un porcentaje sustancial. Para ser viables, rentables y justificar su existencia, que, también, derivan de otras cuestiones que desbordan la economía. Pero que la incluye, como no. Cuando buscas encajar un círculo unitario homogéneo en un cuadrado de unidad federal (o confederal), asimétrico, tienes choques permanentes. Para siempre.

Si el estado tiene la sartén por el mango, es quien tiene la fuerza para procurar poner los ritmos y los plazos. Y nunca será el momento, salvo que el “pequeño” sea inteligente y sepa mover sus piezas en su beneficio. Y en ese juego hay que tener claro que es al estado a quien le benficia que el debate sea independencia si o no. Porque es muy simple. Porque puede ir al argumento emocional. Si, de ese que huyó el nacionalismo catalán cuando se dió cuenta que si seguían sólo con el relato histórico, y de la cultura, jamás serían más que un tercio de independentistas. Sólo cuando se convenciera a lo que algunos llaman “charnegos” de que la única manera de lograr un bien-vivir, un bienestar, era dentro de una Catalunya libre y soberana, esta sería viable. Incluso cuando, según algunos, debiera pasar a llamarse “Catalucía”. Y es que si la voluntad fuera resolver el tema de Catalunya, desde el estado, habría un desequilibrio imposible de aguantar.

Si Catalunya tiene un encaje amable dentro del estado, tal y como reclama una mayoría social en el principat, entonces habría que resolver los muchos otros problemas nacionales. Si, nacionales. Que existen en España. Por ejemplo, Canarias y su situación colonial. Compárese la disposición adicional primera con la tercera. Del agua a la lejía. Y la realidad de la Región de León, dentro de una comunidad inventada, tanto como Madrid. Porque el Reino de Granada (andalucía oriental) persiste hasta 1833, como León. Y ahí está Extremadura, que si es autonomía. Pero con sus cosas. Mucho funcionario y muy poco tren. Y la lucha inducida por disgregar el catalán, por supuesto. El invento de Javier de Burgos, con el café para todos de 1833, dando provincias y diputaciones a todo el mundo (la provincia, en singular, era Gipuzkoa, y las diputaciones, las forales) y la imposición de llamarse como la capital no empaña el esfuerzo regionalizador de otras partes del siglo XIX, dentro de pronunciamientos militares, guerras civiles, cambios de constitución, de parte todas, incluso las cesantías, en los empleados públicos. Una España, uninacional, que nace en las escuelas, como el nacionalismo español, en ese siglo XIX que crea el germen para dejar de lado a quienes no eran como ellos. Los llaman “periféricos”. Los guanches llamaban a los conquistadores castellanos hijos de la ira, porque sin mediar provocacion por su parte vinieron a matarlos, a robarles, esclavizar a sus hijos y a violar a sus mujeres… los guanches no vieron en los castellanos a guerreros, ni a dioses como en America, sino a hombres sin honor dominados por sus mas bajos instintos.

Cuando la generación del 98 mira a Castilla desde fuera, para ensalzarla en su arte, no hay problema. Pero como dijo Castelao no hay peor gallego que el que viviendo en Galiza quiera renegar de lo suyo y ser lo que no es. Ese a quien el nacionalismo español, que se niega a sí mismo, llama un ciudadano ejemplar y cosmopolita. Sin saber que el arraigo es lo más importante en una globalización que, por nacer, nace en tiempos del Imperio Romano, por más que coja impulso en los 60 con el concepto de aldea global. Si, los catalanes tienen derecho a existir, vivir, revivir y transmitir su legado a las futuras generaciones. Y a buscar tener un estado, unas instituciones, que garanticen la continuídad y permanencia de su realidad nacional. Pero no es de eso de lo que va el procés. O no sólo. Y hay que tenerlo en cuenta, porque se corre el riesgo de que a quien lo critique, se le ponga en la trinchera de enfrente, con los españolistas, ejerciendo una dualidad de la que quien más sale beneficiado es el estado.

Si, en Reino Unido, con el caso de Escocia, hubo un referéndum pactado entre las partes. Pero, hay un pero. Y es que en la negociación se llegó a varios acuerdos. Dejándose las partes pelos en la gatera. Uno de ellos es que la pregunta sólo tendría como respuesta un si o un no. No podía ser, como querían los escoceses del gobierno del SNP, que entre la independencia y el actual status hubiera una “DevoMax” (devolution maximizada), algo así como lo que los vascos, debido a la disposición adicional primera, derogatoria segunda y transitoria cuarta permite, y se llama restauración foral plena. Y que haría de Escocia lo que hoy es Canadá, Australia o Nueva Zelanda respecto a Reino Unido y su Commonwealth. Lo que España, por otro lado “nunca” ha admitido (salvo la primera y segunda república, y de aquella manera, y en el modelo autonómico actual) y dista mucho de aceptar. Sobre todo cuando no hay una “necesidad objetiva” en base a una gran conjunción de cleadvages (puntos de fractura) como son una transición o una guerra. No hay un factor máximo, interno o externo, que lleve al estado en la dirección de profundizar en la descentralización. Quizás no tanto en más, sino en mejor, en tanto que sea respetada. Porque el problema siempre ha estado, en estos 40 años, en que según quien ha roto con la legalidad, la respuesta ha sido una u otra. Y es ahí donde se quiebra el estado de derecho.

El noble pueblo de Catalunya lo ha hecho muy bien en el procés. Pero no es suficiente. Obviamente un pueblo movilizado y consciente de si mismo es vital para cualquier cosa de estas, en la que la reivindicación de algo distinto de lo que hay pueda germinar. Pero en la Europa del siglo XXI, dentro de la realidad objetiva en la que la violencia está excluída (y cuando la ha habido ha sido del sector contrario al procés, es evidente), es fundamental como mínimo alcanzar el 50% del censo. Como ha habido casos. Una mayoría suficiente que nunca ha tenido el independentismo, o, mejor dicho, el procesismo catalán. Y eso lastra sus opciones de según que cosas. En muchos campos, sobre la tierra y el asfalto del principat, la creatividad ha sido magistral. Pero el problema se traza en el traslado a la política de partidos e instituciones. Donde hay que dar el salto de calidad. A fin de cuentas, la culminación del paso de un estado del que se depende a uno independiente conlleva un salto, casi de fé, y la vocación de los políticos debe ser acortar ese trayecto, para que sea lo más fácil para las partes. Y esa preparación, sobre el terreno, nunca se terminó de ver. Y ahí empieza el problema.

Cuando no estás dispuesto a saltarte una legalidad para culminar una ilegalidad, el problema es el de la cuadratura del círculo. O hablar de buscar la unilateralidad para alcanzar la bilateralidad. Y es que, si, según el ordenamiento jurídico español hacer un referéndum no es ilegal. Lo ilegal sería ejecutar el resultado. Pero está claro que el estado español hiperventila mucho y sobreactúa. Y así pasa lo que pasa. Pero no adelantemos acontecimientos. Si aspiras a la unilateralidad, no hay alter, otro, que debas observar. Eres tu y tus circunstancias. El problema está en que es imposible sostener que haya datos fiables como para sostener la base pétrea del mandato del uno de octubre. Sobre todo cuando la ya convertida religión del procés ha pasado por una primera oleada de varios referéndums municipales (2009-11), otro en 2014, otro en 2017, elecciones al parlament en 2010, 2012, 2015 y 2017, y nunca los procesistas han obtenido siquiera la mitad más uno del censo. Si, es cierto que últimamente están los podemitas, pero esos quieren el derecho a decidir para seguir siendo España, por lo tanto, se les encuadra en el no. Y ante eso que?

Ante eso ha quedado claro que al estado español le importa mucho más la unidad del estado que la democracia. Esto es así. Debemos asumirlo. El artículo 155 se prostituye con una interpretación negada por las cortes constituyentes a Fraga. Disolver un Govern y un Parlament, meterlos en prisión provisional más de un año, a espera de un juicio que, parcialmente, en bélgica, alemania, suiza, escocia y otros lugares de Europa han hecho, no viendo ni rebelión ni cosas por el estilo, es saltarse la constitución y la ley, situándose enfrente de cualquier solución, arbitrio o mediación. Por eso el árbitro o mediador ha dejado de ser visto por algunos como una figura de unidad. Hasta que se diga lo contrario, ese 2’25 millones de catalanes procesistas que quieren la independencia siguen siendo españoles, pero se les excluye una y otra vez. Porqué? Porque lo dicho, si se resuelve, las piezas no encajan y sería abrir la caja de pandora sobre un efecto dominó que pudiera acabar con España como la conocemos y con la monarquía, como consecuencia. Porque en España, los cambios tranquilos y pactados, de una ley democrática a otra ley democrática, nunca se ha dado. Es una experiencia inédita. Y no están las alturas, dicen, como para empezar ahora. Y en esas está la situación.

Catalunya, en vez de avanzar unilateralmente, sigue haciendo cosas dentro del marco del estado español. Y sin Govern casi medio año, y con un govern que no hace nada en otra media parte de año. Todo supeditado a la libertad de los presos, y a un referéndum (nuevo) de autodeterminación. Y es un problema porque la independencia o no dependencia debe labrarse día a día. Y es poco glamourosa. Se necesita mucho esfuerzo, de mucha gente, en su ámbito. Desatender eso por tener razón y no fuerza es dar la iniciativa al contrario. Y plantear el debate en lo simbólico, en lo emocional. Y en el no-debate. Porque unilateralidad es defender la república en las calles, y no se hizo. Unilateralidad es tomar, desde una pacífica y no violenta no cooperación, los centros de control de Catalunya. Y muchas más cosas, que Gandhi hizo para independizar la India de los británicos. Tampoco es de hoy para mañana. Pero ninguna de estas cosas se hizo. Es más, las elecciones iban a ser el 20 de diciembre de 2017, convocadas por Puigdemont, pero se echó atrás, participando igualmente, en las impuestas por Madrid un día después de lo previsto. Como si nada. Y, en principio, sin cambios en el mapa. Pero debatiendo de la superestructura y no sobre la infraestructura.

Que tienen en común Zapatero y Sánchez? En que hacen política para lo “superfluo”, es decir, elementos colateraltes, pero nunca van a abordar los ejes que vertebran el estado. Supuestamente republicanos, defienden la monarquía y la herencia de Felipe, nieto del movimiento. Defienden de boquilla el estado federal, pero no revierten la recentralización de Rajoy cuando tuvo mayoría absoluta. Y no aceptan introducir el asturiano como lengua oficial en Asturias. Por citar un sólo ejemplo. Y hablamos del PSOE, por lo que, piensen en Ciudadanos. O en Vox. Que es lo que viene. Igual alguno acaba como UPyD. Quizás no haya tanto alpiste para tanto pájaro, pero ya entienden. Es por ello que hay que saber donde se encuentra uno y hasta donde quiere llegar. Los desafíos hay que hacerlos cuando toca, tomando el inmenso valor de la palabra, la escrita, la oral y la dada al pueblo. Y que cuando se dice que se va a hacer algo, ir hasta el final. Si es posible. Y sino, no hacer eso. Es lo que toca, ser responsables. Y responder ante el pueblo que te eligió. Mandato imperativo. Porque la política, debiera ser, cumplir con el programa electoral y transformarlo, si es menester, en programa de gobierno. Porque lo importante es hacer y no decir. Hechos y no palabras.

España no quiere cambiar. Ya se verá si lo hace y en que circunstancias. Hay realidades sobre la mesa. Otras deben despertar, porque están, ahora, debajo de la mesa. Es la realidad de España. Hechos objetivos. Si hay gente suficiente para hacer otra cosa, debe ser respetado, e incorporado al ordenamiento jurídico, siempre que sea escrupuloso con el respeto inquebrantable de los derechos humanos, en sus múltiples declaraciones y que se adscriben al artículo 10 de la constitución española. Tan bello como el 9. Es lamentable que media constitución sea obviada. O incumplida. Por quienes más dicen defenderla. Esos que olvidan que en Araba, Bizkaia y Gipuzkoa tuvo un 30% del censo a su favor y en Navarra poco más del 50%. Porque una decisión no es para siempre y no implica, necesariamente, a las siguientes generaciones. Principio democrático, la democracia por principio. Y procurar siempre avanzar, frente a las dificultades. Como en una ascensión, es mejor tirar cordada lateral que correr el peligro de despeñamiento por trazar una jugada en línea recta. Zig zag. Y por el camino se suele encontrar a los faltos de paciencia, derrotados en su absurda estrategia. Porque es mucho más importante liberar el alma que la tierra. Porque es más importante no ser dependiente que ser independiente sin estructuras de estado. Porque hay casos que no se citan, y en cambio otros si. Porque el mejor modelo es el propio, respetando y haciendo caso a los ingredientes propios, hay que crecer sin envidias ni orgullos desmedidos. Calma y Alma. Y unas botas para lugares montañosos y con pedregal. Nada es más importante que no ceder a la tentación del rival estatal que desea la frustración. Y hacer tonterías es un camino a la frustración. Hay que ser serios, convincentes y firmes … en los hechos. Acciones de gobierno. Tendentes a no tener que lamentar engendrar los hijos de la ira.

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