PuigdeLlopis I de Waterloo

Carles Puigdemont i Casamajor. Si, como el personaje radiofónico del ínclito Javier Sardá. Pero esto no es una coña marinera. Es serio. Tanto que retengan este dato. Podría ser eurodiputado por el partido Nueva Alianza Flamenca, N-VA, sin despeinarse. Y sin que España pudiera decir nada. Pero no quiere. Es lo fácil. Nuestro Carlitos quiere ser eurodiputado por España. Y no por razones beatíficas, sino otras menos confesables. Y lo hace desde Waterloo. Derrota de Napoleón? Si. Pero no necesariamente. Pudo ganar. Si, es cierto. La cuestión es doble. Primera, que dos de sus generales, en su siesta, que necesitó, ya algo mayor y enfermo, hicieron lo que no debían. Y se lanzaron a lo loco. Permitiendo que las tropas de Wellington, que los tenía de corbata, aflojara con la llegada de los prusianos. Pero la otra, más importante, es para que. Cosa que se plantea Valery Giscard D’estaign, ex presidente de Francia, y de la convención europea para la constitución de la UE en 2003, en su libro sobre la Grande Armée y una historia alternativa de la toma de Moscú. Cual es el objetivo de las cosas y que se puede conseguir. En este caso, es, todavía una incógnita. PeaNuts, querido Charlie Brown.

Nuestro PuigdeLlopis se ha abonado al cuanto peor mejor, que de algo me suena en nuestra querida Euzkadi, de los tiempos recientes, quiero decir, de los últimos 50 años, más o menos. Hay que recordar que si prosperó la moción de censura es porque los grupos parlamentarios del congreso y senado del PdeCat se rebelaron contra Waterloo. Y pesó más en ello el oprobio y la venganza personalizada contra los líderes del procés en la consulta de 2014 perpetrada por los ministros del PP que cualquier otra cosa. Por eso la ira “homicida” de PuigdeLlopis contra Carles Campuzano, Xuclá o Marta Pascal, imponiendo a los suyos, incitando a un bloqueo parlamentario en Madrid. Y eso ya lo hacían otros, con pésimo resultado, por otra parte. Por eso, el monarca de Waterloo es el más entusiasta, junto a Santiago Abascal Conde, de una llegada del esquema andaluz al gobierno de España. Tal cual. Cuanto peor mejor. Y si es un artículo 155 perpetuo, tanto mejor. Porque la teoría revolucionaria (de folletín o de salón, eso sí) dice que cuando a un hombre (o mujer) le quitas absolutamente todo, le quitas hasta el miedo para luchar a tumba abierta por lo que le pertenece. Sólo que, en sociedades como la catalana, esto no suele ser así, y las cosas no reaccionan como algunos esperan. Por eso para jugar hay que hacerlo con red. E ir sobre seguro. Prudencia.

Si, el procés es largo, y ha durado entre 2010 y 2019. Cuando salga la sentencia se acabará, formalmente. Ya no queda nada. Prácticamente. Y si, hubo una consulta el 9 de noviembre de 2014, que, como todas las elecciones y consultas, se saldó por debajo del 50% del censo, requisito mínimo para emprender una cuestión de unilateralidad. Cierto es que sobre el papel se puede justificar … muchas cosas. Bien, pero otra cosa es la realidad, y esta nos dice que el de enfrente, que también juega, prefiere ir a un esquema binario, sobre todo cuando no reconoce los términos del conflicto, y su dimensión política. Si o no, blanco o negro, independencia o dependencia. Sucedió en Escocia, donde se dió una consulta legal y pactada, donde el SNP quería una tercera opción, digamos, foral, porque quería una DevoMax, una devolución de máximos de competencias, incluyendo un pacto fiscal. Y por lo tanto, en Catalunya, sin interlocución, iba a ser peor. Y desde Madrid han preferido llevarlo a lo emocional. Oriol Junqueras en una conferencia a finales de 2005 decía que con el discurso del 11 de septiembre de 1714 y todo eso se llega a un limitado ámbito, y ERC, con 23 escaños, cada votante, debía convencer a otro en 2006 y a otro más en 2007 (el mandato, oficialmente, terminaba en diciembre de 2007), y con 69 escaños, de ERC, ya habría independencia. Obviamente, despreciaba los escaños de CIU. Un discurso pues, racional, de datos. Y en España querían lo contrario. Emoción. Identidad. Para no hablar de incumplimientos desde el centro, desde Madrid, que evidenciaran que el hecho de según quien incumple la ley se da una respuesta u otra, siendo el germen de la destrucción del Estado de Derecho. Prefieren simplificar el debate. Y el procés, tras su fracaso, se lo ha dejado, finalmente, en bandeja. Con oro y diamantes.

Hay que hacer. Y los que están en el banquillo en los tribunales en España o en el exilio, realmente, no cometieron ningún delito. Eso es del todo cierto. Nadie puede probar lo contrario. Por eso, en vez de irse a concretar si hubo o no independencia el 27 de octubre, unico hecho sometible al escrutinio de la Justicia, se lanzan a debatir políticamente en sede judicial los hechos del 6-7 de Septiembre de 2017 en el Parlament, del 20 de septiembre enfrente de la conselleria de economía, del 1 de octubre en las calles y los centros de votación de Catalunya, y de ahí en adelante, de todo el octubre catalán, hasta culminar en el artículo 155. Que, dicho sea de paso, porque se hizo lo que se hizo? Probablemente porque alguien se dió cuenta que si se hacía lo que ahora pide el trifachito de PP, C’s y Vox, podría incurrirse en los supuestos de ausencia de autonomía y autogobierno y ser sujeto del comité de descolonización de la ONU. Tan serio como esto. Y por eso se pusieron las elecciones el 21 de diciembre. Por eso y por otra cosa. Pero no cometer ningún delito implica que no hicieron nada. Y no estaban allí para no hacer nada. No se les eligió para eso, sino para otras cosas. Y ahora nos vienen para que hagamos la ficción de actuar, los demás, como si de verdad hubiera habido independencia de Catalunya el 27 de octubre de 2017, sin más esfuerzo personal que el derivado de la brutal reacción de un Estado que hiperventiló, y actuó de forma contundente contra la nada más absoluta, incurriendo en una injusticia tremenda. Si, es grave todo esto, lo personal, pero es que nos están pidiendo cosas que ellos nunca estuvieron dispuestos a llevar a cabo. Y eso si que no puede ser. Con el ejemplo por delante, se puede ser solidario. Sin el, sólo un loco suicida. Y con responsabilidades propias y familia que proteger y defender. Eso no es posible, no señor.

¿Que hicieron? Buena pregunta. Porque la pregunta de ¿Donde está la República? es pertinente. No es tontería. Y cuanto más se sabe es aún peor, porque se sabe que había informes y documentos preparados. No era todo improvisado, aunque había mucho de improvisación. Digamos que había un fondo de armario para tomar decisiones. Y no se tomó ninguna. Por eso las decisiones las tomó el gobierno de España, por vía judicial, policial y política. Y para esto, la mejor pieza que puede existir es la declaración de testigo del Lehendakari Iñigo Urkullu en el juicio del procés. Único que ha declarado dando formación e información, y que podía haber dado más. Si le hubieran preguntado. El Govern de PuigdeLlopis tenía informes sobre hacienda, el DNI catalán, una constitución, decretos de desarrollo de la independencia… pero no tomaron decisiones. Fue la sociedad civil la que hizo cosas. Para hacer posible del 1 de octubre, por ejemplo, con esas urnas de plástico tráidas de China, y metidas desde Catalunya Nord por las panaderías y así, y que cada uno era “dueño” de una, no teniendo la visión de conjunto. Una logística de la pera. Pero los partidos y el Govern, al margen, marginados. Por su propia realidad. La propia realidad de los partidos catalanes del procés.

Si CIU hubiera estado fuerte … pero era imposible. Porque? No pongamos en duda el proyecto nacional de Catalunya que pudieran tener en su mente. Pero si pongamos dos ejemplos. Uno, la policía. Hasta 1994-2000 no comenzó el despliegue de los Mossos por Catalunya, especialmente, por la competencia de tráfico. Nótese la diferencia con una Ertzaintza que empieza a desplegarse una década antes. Eso para el pujolismo era muy poco edificante e impopular, ir dando porrazos a la gente. Fiscalidad. En los meses de primavera de 1980 hubo una reunión, antes de la implementación de la LOFCA, de la que los vascos anticiparon una disposición adicional para la negociación en curso, que culminaría el año siguiente con la entrada en vigor del Concierto para Bizkaia y Gipuzkoa, para ofertar algo similar para Catalunya. Recordemos que no es hasta 1988 cuando el TC ofrece una interpretación de la disposición adicional primera sólo para los cuatro territorios hoy forales. Y dijeron que no. No fue hasta 2012 que no reconocieron ese grave error. Sirva como ejemplo, junto, como no, a esa corrupción vinculada a ciertos elementos ligados al pujolismo, que debilitó sobre manera, interna y electoralmente, el proyecto de Convergencia. Eso y la ausencia de separación o bicefalia, partido e instituciones. Eso impidió una serie de controles o cortafuegos, implosionando todo a la vez. Con el añadido de que, cuando llega el fracaso “político” del estatut, 2003-2010, es debilidad multifactorial de CIU, estructural, impide ejercer el liderazgo, que pasa directamente a las masas, y, de estas, a sus formas más organizadas, como son la ANC y Omnium. Y eso se une decisiones tímidas, timoratas, derivadas de lo anterior, como sacrificar al President Mas, tras haber hecho el referéndum del 9 de noviembre de 2014. Entiéndase pues, el cuadro, en su compleja dimensión, para comprender hechos posteriores. Y porqué pasa lo que pasa, hoy, en la antigua Convergencia.

26 al 27 de octubre de 2017, ese fue el momento decisivo. PuigdeLlopis tenía la posibilidad de declarar la independencia y tirar para adelante. Con valentía. Y hacer cosas. Duro? Si. Pero la independencia no es grátis, siempre tiene coste. Y hay que asumirlo. O no hacerlo. Otra posibilidad era seguir la línea del Lehendakari Urkullu, que incluía unas elecciones el 20 de diciembre. Hubiera sido lo sensato, sabiendo que la independencia ni se había dado ni se iba a dar. Pero la gente no lo sabía. O no quería darse por enterados. Y por eso ERC siguió el esquema de aparentar lo que no se quería, porque en esto tanto ERC como CIU tenían el mismo planteamiento, frente al procés. No olvidemos que fueron pilar fundamental de dos gobiernos del PSC, que endeudaron terriblemente a Catalunya, por cierto, entre 2003 y 2010. Junto a Iniciativa, hoy en Podemos, marca catalana. Y PuigdeLlopis no hizo ni una ni otra. Fue a su restaurante favorito de Girona, y de ahí a Bruselas. Huyó. Esa fue su única decisión. Marcharse. Cuando tocaba poner lo importante, entre la espada y la pared, tomó la puerta número 3. Y se fue al exilio, autoimpuesto, hoy con sede en Waterloo.

Rodolfo Llopis fue un destacado dirigente del Partido Socialista. Fue el número dos del ministerio en el primer bienio con Largo Caballero. Fue Diputado. Y se fue al exilio. Era el líder del PSOE y de la UGT, pero desde el exilio, y las redadas como la de 1956-57, que desmanteló completamente el PSOE interior, ni tenía información ni podía saber que demonios pasaba entre los socialistas en el estado español, en el pleno franquismo. Y es así como surgen realidades que escaparon a su control, especialmente, el el ámbito de Sevilla, con Guerra y González como máximos esponentes. Y es así que en el funcionamiento, se fue tensando la relación, en tanto que Llopis quería seguir siendo el líder, pero desde el interior querían compartir responsabilidades y funciones dentro del partido, desde el pragmatismo, posibilismo y realismo de una realidad dentro de España que no era para nada escuchada por la dirección en el exilio, funcionando en base a sus propios esquemas. Y por eso, en el congreso de 1970, se impuso las tesis de Llopis, por última vez. En 1974, en Suresnes, será del todo diferente, siendo finalmente Llopis descabalgado. Intentó montar su PSOE verdadero en la transición, pero nadie lo apoyó. Recordemos que el PSOE en 1936 tenía tres facciones bien claramente distinguibles, la de Prieto, la de Besteiro (quien estuvo en la pomada del golpe del coronel casado y wenceslao carrillo de marzo de 1939 y puso fin a la guerra de manera abrupta) y la de Largo Caballero. No es rara la división en el socialismo español. La clave es la desconexión que hubo entre el exilio exterior y el interior. Y eso llevó a un extrañamiento del que el interior, como no podía ser de otra manera, salió victorioso, toda vez que, en vez de diálogo y convencimiento se llevó el asunto al choque de trenes. Al juego del gallina, como vieramos en “Rebelde sin causa”.

CIU desapareció. Ahora, resumiento, hay la sucesora de CDC, que sería el PdeCat. Están luego pequeños grupos, como Lliures, que no pueden ni juntarse ni crecer por la mera existencia del PdeCat. Marcas que fueron pero ya no sirven como Democracia i Llibertat, ahora Junts Per Catalunya, propiedad del Pdecat. Con la dimisión de Artur Mas y de Neus Munté, a principios el primero y a mediados la segunda, de 2017, se daba paso a algo … distinto? Pues no, a un algo intermedio, entre el mando del interior y del exterior. Pero ahora, con la Crida, Puigdemont es el puto amo, como diría Guardiola a Mou. No es plenamente, pero lo será. Ha dado el brazo a torcer en el tema de las elecciones generales, y la lista a Congreso y Senado. Y se hará con la dirección del Pdecat, seguro. Y como seña máxima, será candidato a las europeas. Es lo que quiere y ha diseñado. Pero con el pequeño problema, más allá de la fecha de caducidad de su DNI, de que, para ser eurodiputado por España, cinco días después de la proclamación del electo, debe prometer su cargo enfrente de la Junta Electoral Central en Madrid. Que, si lo hace, sería detenido de inmediato, pues puede moverse libremente por el mundo, salvo en un país. Y dudo mucho que haga ese movimiento. Por tanto, pudiendo elegir la solución sencilla, que era la del N-Va y ser eurodiputado por Flandes, elije dominar el Pdecat, Junts per Catalunya, con la Crida, e imponer desde Waterloo, desde el exilio, su modelo discursivo, que no fáctico, de hechos, a su partido, sometido a chantajes y amenazas, fundamentalmente de división y escición, ante un panorama convulso, donde la deriva de CIU a CDC, y de ahí a lo actual, ha dejado muchos “cadáveres” por el camino, y una extrema debilidad, tanto por el comportamiento, como por la total ausencia de un programa. Y, lo que es más grave, no saber, realmente, cuantos son, para poder, con un mínimo de fuerza, poder poner en órden la casa, la que en tiempos se erigía como casa gran del catalanisme.

Puigdemont se convierte pues en una suerte de PuigdeLlopis, un Llopis 2.0, actualizado y nacionalizado, que desde el exilio en Waterloo hace lo que sea para ir ganando tiempo. Comprando tiempo al tiempo para seguir mantendiendo viva la llama de la nada más absoluta, porque nada hizo, nada hace y nada hará para resolver el asunto de fondo, y quiere mantener SU protagonismo a costa de lo que sea necesario, sacrificando en el altar de su propia realidad, lo que sea necesario, incluyendo el proyecto histórico de CIU frente a una Esquerra que sólo quiere erigirse en líder de Catalunya para ser el califa en lugar del califa, y un Junqueras que quiere, desde la profunda fé católica, ejercer de un Pujol dedivido, que, pasando por la cárcel y el martirio personal, como el Molt Honorable en el franquismo, puedan administrar la finca de la manera mejor posible. Quitate tu para ponerme yo. Por eso Junqueras va de cabeza de lista para las generales y las europeas. Y por eso Puigdemont quiere poner a Sanchez, Rull y Turull en las listas de las generales y a sí mismo en las europeas. Ahora bien, a quien le importa que desde el 27 de octubre de 2017 a junio de 2018 no hubiera Govern, por el artículo 155? A quien le importa que ese artículo se aplicara tan pacífica y plácidamente? A quien le importa que tras la suspención de esa aplicación, con el actual Goven, las cosas “de comer” de diario de la Generalitat estén todas en barbecho? Parece que a nadie. Y deben salir de ese círculo (si, vicioso). El cántaro debe romperse por algún lado. Con eficacia y eficiencia. Porque la desconexión entre Puigdemont y la realidad, entre PuigdeLlopis y Catalunya, es una cuestión evidente y palpable. Y en la que los demás no podemos ponernos del lado de quien no quiere sino mantener su ficción, en un relato o metarelato que se retroalimenta a sí mismo. Que desde un presunto realismo mágico sobrevuela los cielos de Waterloo en espera de que un controlador le de pista para aterrizar. Dicen que quien se fue a Sevilla perdió su silla. Puigdemont perdió su silla en Barcelona. Es hora de que se dé cuenta. Y que, por una vez, actúe. Por el bien de Catalunya y los catalanes. O sino será el tiempo, Padre Kronos, quien lo haga por el. Por más que, para muchos, sea ya tarde. No es ninguna broma. Tiene consecuencias, como todo el la vida. Sobre todo cuando llega la hora de las decisiones importantes. Es la hora, Puigdemont. Avancem.

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